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Las
calcificaciones periventriculares no son patognomónicas del VCM. Estas
ocurren porque el virus tiene una predilección por el tejido de la matriz
germinal, causando necrosis del epéndimo.
Los errores de migración se diagnostican mejor con la RM. El diagnóstico
se establece: (1) detectando el ADN del VCM en la orina por reacción en
cadena de la polimerasa, (2) por el hallazgo de la IgM específica para
el VCM o (3) por la presencia de placentitis en la evaluación patológica.
En todo neonato con sospecha de exposición al CMV, se deben realizar potenciales
evocados auditivos del tallo cerebral. La pérdida de la audición neurosensorial
(suele ser progresiva) y quizás sea la sola manifestación de infección
congénita por VCM.
El ganciclovir se usa para
tratar esta infección, pero no logra cambiar las secuelas neurológicas,
pues el mayor daño se hizo antes del nacimiento. El antiviral consigue
evitar la progresión de la pérdida de audición neurosensorial.
Toxoplasmosis
El Toxoplasma
gondii es el parásito protozoario que causa la toxoplasmosis congénita,
al cruzar la placenta en el último trimestre del embarazo; sin embargo,
las manifestaciones del sistema nervioso central y las oculares son más
frecuentes en fetos infectados durante el primer trimestre. La toxoplasmosis
produce, casi con la misma frecuencia, microcefalia y macrocefalia, ésta
última debida a hidrocefalia por estenosis acueductal. Además, se observa
una variedad de procesos patológicos como convulsiones, calcificaciones
parenquimatosas y periventriculares (Figura 278.1), porencefalia e hidranencefalia,
coriorretinitis (que es bilateral y compromete la mácula) y pleocitosis
en líquido cefalorraquídeo.
Figura 278.1.— TC
cerebral en neonato con toxoplasmosis que muestra muchas calcificaciones
intraparenquimatosas y periventriculares.
La
coriorretinitis se encuentra en la mayoría de los neonatos con manifestaciones
cerebrales (Figura 278.2). La coriorretinitis suele ser bilateral y compromete
la mácula. Hepatomegalia, hiperbilirrubinemia y anemia son manifestaciones
sistémicas de la toxoplasmosis congénita.
Figura 278.2.— Lesión típica de la coriorretinitis
por toxoplasma.
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